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filosofosporeloro en Filósofos por el oro 16 de Febrero de 2018

Charla sobre las raíces etimológicas amorosas en el amigo

El propósito de esta charla, como bien sabrán aquellos que me conocen, surgió a partir de un descubrimiento etimológico el cual me pasmó. El bien conocido adjetivo “Friend” encontrado en el inglés actual, participe de un sinfín de escrituras, desde canciones hasta poemas, dedicatorias hasta chistes, posee un trasfondo muy interesante.

Ya sea en el diccionario etimológico online de Douglas Harper, como en el diccionario etimológico del reconocido filólogo Walter W. Skeat uno se encuentra con lo siguiente. En el inglés antiguo, es decir el anglo-sajón, se utilizan dos adjetivos para describir aquél quien me es hostil y aquél a quien considero mi amigo. Para la primera tendremos el término “Feond”, para el segundo “Freond”. Ahora bien, en primera instancia, ambos adjetivos, son participios; es decir para quienes aún no han sufrido las lenguas clásicas y no están al tanto de lo que un participio sería (por favor, estúdienlo con detenimiento para cuando rindan griego clásico) es un adjetivo verbal, es decir, a través de un verbo uno expresa en forma de adjetivo lo que aquella persona a quien se le atribuirá el complemento o atributo es de hacer.

Pues de dónde es que vienen ambos adjetivos, los cuales únicamente han de poseer una letra que ha de diferenciarlos. Sin embargo, aquella única letra es una consonante, la cual se encuentra previa a una contracción, es decir, las declinaciones cambian rotundamente (aunque permanecen en el mismo tipo de declinación de adjetivo [buscar]).

Comencemos con Feond. El verbo al que remite el adjetivo es Feogan, el cual en el diccionario Bosworth-Toller posee la siguiente acepción: To hate, persecute; ?disse, ?dio h?b?re, infest?re; Sweet en cambio opta por simplemente poner lo siguiente “hate”. Notarán la negatividad que ha de poseer el verbo, y es ello lo que interesa en esto que expondré.

Rápidamente paseemos a la otra palabra, la justamente más “amable”. Freond ha de venir de un verbo similar pero de mucha más complejidad Freogan ha de tener dos acepciones demasiado importantes. Remitamos nuevamente al gran diccionario anglo-sajón de Bosworth-Toller: I. to free, make free; manumitt?re, l?b?r?re II. to honour, like, love; hon?r?re, dil?g?re, ?m?re.

Por qué entonces, cuál es el trasfondo de esto, qué es lo que provoca que uno desee formar un adjetivo significador de Librar y Amar y no solo eso, sino, que aquél adjetivo básicamente defina nuestra vida, nuestra narración. Una vez más, pasamos por Skeat, quien en la entrada de “Free” opta por escribir lo siguiente “The original sense is having free choice, acting at pleasure, rejoicing, and the word is closely connected with Skt. priya, beloved, dear, agreeable. ^ PRI, to love, rejoice.” Este tipo de raíz etimológica se extiende inclusive al frisiano antiguo “friaia, fraia, fría” y podemos continuar, pasando por en algo-sajón, danés antiguo, nórdico antiguo.

Pasemos brevemente, a dos términos que poseen cierta semblanza el uno con el otro. Debido a la evolución del lenguaje, es claro notar las semejanzas que poseen el Griego antiguo y el latín; sobre todo en la etimología que poseen las palabras, como también en ciertas declinaciones. Justamente, tanto el término Amicus;-a;-um y ?????;-?;-?? provienen de un verbo similar. Ahora bien, vale aclarar que aquí siempre se habrá de generar la famosa disputa lingüística de la gallina y el huevo; que es lo primero, de quién nace las palabras si de los sustantivos y los adjetivos o del verbo. En este caso pienso yo, remitiéndome a la intuición del filólogo W. Skeat y el historiador Douglas Harper, que ambos adjetivos han de ser participios de los respectivos verbos Amare (infinitivo de Amo) y su respectivo verbo griego ?????.

Como habrán podido visualizar ya en el verbo latino, se trata del accionar amoroso. Es decir, así como Juez es quien juzga, valdría denotar que Amigo es a quien uno ama; a quien uno no percibe hostil como referencia el término inglés Foe o mismo el inglés antiguo Feond.

El término latino, ha de vincularse, por ejemplo, con la raíz indo-europea *amma- que es una voz utilizada por el niño para llamar a su madre. Es entonces donde uno se plantea, cómo es que se comprende aquél amor, de qué amor es el que trata la amistad.

Vale remitirse a quienes realmente fueron capaces de distinguir los amores y pasiones que posee el hombre, y ellos fueron los griegos.

Aquí ostentaré por hacer lo que bien sabemos los filósofos, y es permitir que alguien hable por nosotros. Observemos con atención las hermosas palabras que han escrito Ivonne Bordelois y Miguel Mascialino en su gran libro “Etimología de las pasiones”: “(…) La distinción entre el amor pasional, ????, y el amor de amistad ?????, y el amor familiar ??????, nos es desconocida lexicalmente , es decir, no tenemos diferentes vocablos para señalarla. Cuanto más, distinguimos entre querer (proveniente de quaerere en latín, que significa originalmente desear tener, buscar, preguntar, como lo atestigua inquirir, y se refiere tanto a personas como objetos) y amar. El primero, que significa desear tener, presenta un cariz más egoísta y posesivo que el que define la vehemencia del amor, dispuesto en ocasiones a la entrega absoluta y el sacrificio. También contamos con cariños y afectos, que designan sentimientos amistosos o familiares; notemos, sin embargo, que no hay verbos que transmitan directamente estas nociones.”

Asimismo, los autores prosiguen a explicar dos cosas que ya nosotros hemos hablado aquí. Tanto en el griego como en las lenguas germánicas, se mantiene la relación amorosa y afectica que remite a la madre. Como mismo la raíz *am que denota el seno materno.

En las lenguas germánicas, se da una correlatividad aún más implicante, que es la sutileza que notará quienquiera que se adentre en el mundo anglo-sajón, que tanto *Life, Live, Leave, Love y Lust* mantienen una relativa concordancia de raíz, o como ellos bien le llaman “Stem”. Por qué se da esto, pues uno puede comentar lánguidamente y se transformaría en una nueva charla. Para no dejar a nadie deseoso del saber, remitámonos al origen de las palabras.

Life: Life (dative lif) "animated corporeal existence; lifetime, period between birth and death; the history of an individual from birth to death, written account of a person's life; way of life (good or bad); condition of being a living thing, opposite of death; spiritual existence imparted by God, through Christ, to the believer," from Proto-Germanic *libam (source also of Old Norse lif "life, body," Old Frisian, Old Saxon lif "life, person, body," Dutch lijf "body," Old High German lib "life," German Leib "body"), properly "continuance, perseverance," from PIE root *leip- "to stick, adhere." En Bosworth-toller aparece algo de suma importancia que es entre corchetes [The opposite of death].

Live: Middle English, from Old English lifian o leofian (Anglian), libban (West Saxon) "to be, be alive, have life; continue in life; to experience," also "to supply oneself with food, procure a means of subsistence; pass life in a specified fashion," from Proto-Germanic *liben (source also of Old Norse lifa "to be left; to live; to live on," of fire, "to burn;" Old Frisian libba, German leben, Gothic liban "to live"), from PIE root *leip- "to stick, adhere," forming words meaning "to remain, continue."

Leave: Old English læfan "to allow to remain in the same state or condition; to let remain, allow to survive; to have left (of a deceased person, in reference to heirs, etc.); to bequeath (a heritage)," from Proto-Germanic *laibijan (source also of Old Frisian leva "to leave," Old Saxon farlebid "left over"), causative of *liban "remain" (source of Old English belifan, German bleiben, Gothic bileiban "to remain"), from PIE root *leip- "to stick, adhere."

The Germanic root seems to have had only the sense "remain, continue" (which was in Old English as well but has since become obsolete), which also is in Greek lipares "persevering, importunate." But this usually is regarded as a development from the primary PIE sense of "adhere, be sticky" (compare Lithuanian lipti, Old Church Slavonic lipet "to adhere," Greek lipos "grease," Sanskrit rip-/lip- "to smear, adhere to."

Originally a strong verb (past participle lifen), it early switched to a weak form. Meaning "go away, take one's departure, depart from; leave behind" (c. 1200) comes from notion of "leave behind" (as in to leave the earth "to die;" to leave the field "retreat"). From c. 1200 as "to stop, cease; give up, relinquish, abstain from having to do with; discontinue, come to an end;" also "to omit, neglect; to abandon, forsake, desert; divorce;" also "allow (someone) to go."

Love: Old English lufu "feeling of love; romantic sexual attraction; affection; friendliness; the love of God; Love as an abstraction or personification," from Proto-Germanic *lubo (source also of Old High German liubi "joy," German Liebe "love;" Old Norse, Old Frisian, Dutch lof; German Lob "praise;" Old Saxon liof, Old Frisian liaf, Dutch lief, Old High German liob, German lieb, Gothic liufs "dear, beloved"). The Germanic words are from PIE root *leubh- "to care, desire, love."

Lust: Old English lust "desire, appetite; inclination, pleasure; sensuous appetite," from Proto-Germanic *lustuz (source also of Old Saxon, Old Frisian, Dutch lust, German Lust, Old Norse lyst, Gothic lustus "pleasure, desire, lust"), abstract noun from PIE *las- "to be eager, wanton, or unruly" (source also of Latin lascivus "wanton, playful, lustful;" see lascivious).

La relación con el término latino De-sire en lust es importante, debido a que implica la tensión que uno tiene, y denota aquél querer superior que renace de lo más intrínseco que hemos de poseer, algo visceral que nos tensiona e inclina a proseguir y saltear obstáculos por el simple deseo de querer poseer de aquello, apropiarse, e inclusive vehemencial y salvajemente.

Ahora pasemos a la segunda parte de esta charla, y lo haremos citando a un gran autor argentino que nos dará un foco de luz cenital el cual nos permitirá comenzar nuestra reflexión sobre la amistad. En una entrevista en el programa televisivo “A fondo” en 1980 Jorge Luis Borges comentó lo siguiente:

“La amistad, no necesita frecuencia, el amor sí, pero la amistad, la amistad entre hermanos no, puede prescindir de la frecuencia (…) El amor no, el amor está lleno de ansiedades de dudas, un dia de ausencia puede ser terrible. Pero yo tengo amigos íntimos a quienes veo digamos tres o cuatro veces al año, y hay otros a quienes no veo porque han muerto ya (…) La amistad puede prescindir de las confidencias, el amor no, si no hay confidencia yo lo siento como una traición (…)”

Atahualpa Yupanqui le respondería al gran maestro de la tinta “El amigo es uno mismo en el cuero ajeno”.

“Los amigos fueron pocos, pero buenos. Es un principio que toda persona sensata elige automáticamente, no soy ninguna excepción. Frente a esa gente que llama amigo a cualquiera ‘tengo muchos amigos’. En el momento de saber quiénes son esos muchos amigos, se descubre que no son tantos.”

Estas palabras me hicieron reflexionar de manera agresiva cuando las re-escuche, pues Cortazar en antelación a esto comentaba su soledad y cómo en él se formaba una suerte de enfrentamiento entre un Dr. Jekyll y Mr. Hyde, quienes batallaban constantemente entre ser amistoso y no.

En la literatura las amistades, como también en las gratas epístolas que logramos obtener de autores estoicos como Séneca o Cicerón es la amistad, de tinte “fraternal” como se le suele llamar que resalta constantemente.

Recordando las palabras de Borges, y sufriendo una riolada referencial lentamente me fui conmoviendo y llegando a diversas conclusiones en la amistad, en el amigo, en aquella figura no muchas veces realzada como se la debe y hoy en día una figura que ha sufrido un nivel de tergiversación de tal calibre que realmente me acongoja.

Pensemos en amistades como la de Rodia y Rasumikhin en crimen y castigo. Otra díada sumamente de culto como la de Frodo Baggins y Samwise Gangee, todas relaciones que tienen algo destacable.

La relación, la figura del amigo, provoca en ambos partícipes del lazo una suerte de supra-mundo, una realidad alternada que vivencia la persona con su allegado par.

El amigo, es a quien uno ama y a quien uno acude para su libración; la amistad es un lazo de una magnitud muy fuerte un lazo que no tiene una suerte de blanqueamento.

Uno no dice “quiero que seamos amigos”. Quizás, si, lo hace cuando uno es pequeño y su trato social no ha de tener tacto aún. Pero la amistad se forja con los años y las vivencias, y es ello lo que me interesa.

Pienso en lo que vivenció Tolkien en la gran guerra, y sobre todo en cómo vio a sus amigos y compañeros caer en la desgarradora batalla de Somma. Pienso en Erich María Remarque quien sufrió una traumatizante experiencia al combatir en el frente del oeste en la segunda guerra mundial con tan solo unos aproximados diecinueve y veinte años.

El lazo afectivo de la amistad se forma en la conjunción anecdótica, en el agrado de uno con el otro, y en aquél costado de una vida que desgraciada y maltrecha provoca una unión condensada de experiencias.

Hoy en día el amigo puede ser básicamente cualquiera, y es allí donde falla; hemos perdido noción de amistad y noción de necesidad de un verdadero amigo.

Pienso entonces, qué es el amigo. El amigo es narración viva, es algo bellísimo. La amistad es la significación más grande que tiene el hombre, el caudal de paz más enorme que abrazamos en constancia. Pensemos en todas las palabras que requieren de un conjunto, pensemos en el abrazo, en llenarse de calor uno con otro en las brasas compartidas. En anglo-sajón por ejemplo, hay una palabra llamada Beorn la cual significa niño (criatura exactamente) y hombre, sobre todo hace referencia al término latino Vir. Si bien tiene implicancia la mitología anglo-sajona que adopta de la nórdica el hombre como nacido del barro quemado, significa también aquella energía calórica; alguien que pasó por eso.

Compartir, contemporaneidad, consonancia, concordancia, conformidad. Puedo leer un diccionario entero y me voy a sentir arrastrado a pensar esto. El amigo es una anécdota viva, algo que reside en nosotros con un atesoro y amor superior a lo que muchas veces sentimos.

Y el amigo nos libra, ejecuta en nosotros un accionar de libertad y de emoción profundo. Consejos que se dan y se reciben con nada más que una causa justa. Pues Aristóteles lo clama bien, en el accionar ético se encuentra la amistad, y el amigo es alguien justo. Alguien que exige y da su visión de la realidad a quien ha acudido a su sabiduría de manera que el otro perciba un más amplio espectro. Y no permite que “se duerma en los laureles” sino que es un cable a tierra muy hermoso.

Y aquello es un peso que cae gravemente sobre nosotros. No, no lo hace de manera nauseabunda, no pienso en alguien como Sartre. Pienso sino, en alguien como Dostoyevski o Tolkien, o Roberto Arlt, pienso en aquellas díadas o comunidades donde la amistad es un peso que se recibe cuando uno se da cuenta “Soy un amigo, soy digno de afrontar situaciones y acompañar a quienes sienten amor hacia mí, como a su vez soy la libración de ellos”. Hay que entender eso, es muy importante, con cautela hay que saber discernir lo que genera en nosotros el ser amigo, y sobre todo el ser el “amiccisimus” como se diría en antaño.

Lo mejor, es no pensar en la enemistad, porque, aquél amor que fuera de uno se encuentra, no nos sirve. Pensemos en nuestros amigos, y pensemos que si bien a veces no cumplen nuestras expectativas, por algo en su momento habríamos sentido ese aprecio. Justamente es eso, no es un querer, el querer requiere de una puesta en común monetaria a nivel emocional, el amor fraternal no. Es algo carente de ello, algo que rebalsa todo costo y oportunidad. El amigo reside en nuestra conciencia y en nuestra memoria, en el yo-narrativo que tenemos en lo más intrínseco nuestro, que con vocabulario vamos acuñando términos ya existentes pero que les otorgamos un nuevo sentido, desde apodos hasta insultos amistosos. Pero siempre está la seriedad, y el recuerdo, ser capaces de vivenciar aquello ya pasado es lo más hermoso que hemos de poseer, porque ahí recordamos amistades pasadas y las entrañamos como también podemos forjar una nueva amistad tan solo en reflexión, dándonos cuenta por ejemplo “Ese, ese siempre estuvo ahí conmigo, que tonto, cómo no me di cuenta”.

Eso, eso para mí es la amistad.

Felipe A. Matti


Charla dada en "Jornada de filosofía para no filósofos" 22 de noviembre de 2017.

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